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Esos odiosos compañeros de butaca (primera parte)

Cuando ir al cine a ver una película se convierte en toda una odisea

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15/10/2014

Por Icíar Palacios

Hay ocasiones, lamentablemente más de las que uno quisiera, en las que ir al cine a ver una película se convierte en toda una odisea o, incluso, en la antesala del infierno. Y es que, lo quieras o no, hay ciertos “personajes” habituales en las salas de cine que son capaces de “arruinar” (qué finos somos) hasta el visionado en pantalla grande de la mejor de las cintas jamás rodadas.

¿Qué? ¿Nos llamas exagerados? Pues sentimos ser nosotros quien te diga que nadie es inmune a ellos. Ni a su maldad desmedida. Ni siquiera tú, un avezado y experimentado cinéfilo con años y años de solera en esto de ir al cine. Sentimos tener que decirte que los tentáculos de su poder no conocen límites y, querido lector, que los que hoy nos atañen son enemigos más poderosos que cualquier villano del séptimo arte: Son de carne y hueso. Son legión. Y no hay nada en su físico que te prevenga de su condición y te ayude a huir de sus garras… Así que: ojo avizor. Esquivarlos a estos compañeros de butaca es tu misión… Y estás solo en la batalla. Así que… ¡Que la fuerza te acompañe!

1. El suelta spoilers

Habitualmente comienza su perorata en la cola de compra de entradas. Da igual que ya haya visto la película en cuestión o no… Va a hablar de ella como si él mismo la hubiera protagonizado. Al él lo que le gusta es tirarse el rollo de que “conoce” el cine. De que “sabe” más que tú y que todos, ¿sabes?

Generalmente acuden acompañados a la sala, aunque lo hacen solo por tener alguien a quien dirigir la vista mientras hace alarde público de lo que va a pasar en la cinta. Para disimular sus verdaderas intenciones. Porque… ¿No te has fijado en lo alto que hablan siempre aunque tengan a su interlocutor a unos centímetros? ¿Pensabas que era casual? ¿Acaso que tenía problemas de audición? Iluso…

“Estate atenta, que viene susto”, “ya verás ahora, que no te esperas lo que va a pasar” y “en esta peli nada es lo que parece” son sus frases favoritas. Si a la tercera vez que su voz llegue a tus oídos sientes deseos de matar no te sientas mal. Es normal. Nos pasa a todos. Y… se lo merecen.

2. El afectado por diarrea verbal

Aunque a menudo puede confundirse con el anterior sujeto, este compañero de butaca es un espécimen más evolucionado que el suelta spoilers. Más dañino. Más odioso. No conoce la palabra silencio y está decidido a que nadie, en su presencia, recuerde su significado. Es “lagentequehabla”. Sin medida. Sin control. Sin piedad.

Aunque intentes hacerles comprender que están molestando implorando el fin de las hostilidades con un sonoro “ssshhhhhhttttt”, sufren del conocido como síndrome Umbral: ellos han venido a hablar de su **** (sustitúyase por el tema que sea: novio, trabajo, inquietudes espirituales, vecina cachonda… Todo vale). Y nada ni nadie los apartará de su objetivo.

Si estás a tiempo, cámbiate de sitio. Son como las cucarachas. Nada puede con ellos. Si por algún casual dejan de hablar, no te hagas ilusiones. Solo está pensando su siguiente tema de conversación.

3. El adicto al móvil

Después de haber matado a 500 malos, pilotar un avión en llamas, saltar desde dos rascacielos y descubrir que, en realidad, su padre biológico es el capo de la mafia contra el que lucha, que, por cierto, planea hacer explotar el planeta, el prota y su chica se reencuentran. Ambos siguen vivos. Heridos y cansados, pero vivos al fin y al cabo. Y dispuestos a empezar una nueva vida repleta de amor, sueños cumplidos y tardes de domingo de sofá. Ella se acerca. Él sonríe entreabriendo la boca. Se acercan. Se cogen de la mano, sus labios ya casi se rozan y…. RRRRIIIIIINNNNNNGGGGG. RRIIIIIINNNNNNG.

El tipo que tienes a la derecha no ha silenciado el teléfono. Y le llaman. Sin embargo, él parece el único en la sala que no lo oye. Si tienes la suerte de que se dé cuenta de que está molestado y no descuelgue (a mí me pasó ayer viendo ‘La isla mínima’. Lo juro), pasará el resto de la sesión conversando por “whatsapp”. Y con el vibrador puesto… Que todos (menos él) sabemos que hace casi más ruido.

Puede que jamás te acuerdes de la película, pero el reflejo de la luz de su teléfono en tus ojos y el zumbido de cada mensaje entrante te acompañará hasta el fin de tus días. ¿Qué decirte? Ánimo, amigo. Ánimo.

4. El que da pataditas en el asiento

Este compañero de sala es aún un principiante en el arte de molestar en el cine. Aún no ha desarrollado sus superpoderes del todo; pero no caigas en el error de subestimarlo. Es como las hormigas. Poco a poco, y en silencio, cumple su malvada misión en la tierra.

Personalmente, como venganza contra ellos, aconsejo lo siguiente: descálzate y da una patada a tus zapatos hacia atrás. Para empezar, estarás más cómodo. Y en segundo lugar, lograrás asustarlo y demostrar que tú también puedes ser duro si te lo propones. Porque, si es tu día de suerte, además de sacarle de su trance de San Vito a golpe de suela conseguirás fastidiarle la sesión de cine a él también… Poco a poco, el aroma de tu larga y agotadora jornada en la oficina irá escapando de tus zapatos y ascendiendo hasta su nariz, penetrando como un narcótico y haciendo que entre en un desagradable trance y, lo más importante, que pierda la concentración y deje de darte la tabarra con el piececito. ¡Ale, ya estáis en paces! ¡Y sin derramar sangre!

5. El que huele mal

Esta es otra batalla perdida de ante mano. Si la persona que se sienta a tu lado no ha tenido tiempo de pasar por la ducha antes de ir al cine, te espera por delante una hora larga de cierta “inquietud” olfativa. Es posible que si vives en una gran capital y te desplazas en transporte público ya tengas ciertos trucos para salvar este problema; pero si no, comprueba si llevas un caramelo o chicle de menta en el bolso. Es momento de pasar a la acción. Nada como pasártelo bajo la nariz, cruzar los dedos y confiar en que tu piel se impregne del olor. Tendrás que ser persistente o encomendarte al señor del espacio, pero puede que así consigas disfrutar de la película. Aconsejarte que lleves una muestra de perfume a mano ya nos parece demasiado, pero, oye, si te atreves… adelante con ello. ¡Seguro que te saca de algún apuro!

Y tú, ¿conoces más tipos de compañeros de butaca tóxicos? ¿Te has visto alguna vez atacado por alguno de ellos? ¡Comparte tu experiencia con nosotros y ayúdanos a prevenir al mundo de ellos! Entre todos, podemos.

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